Salimos con la caravana desde San Carlos y nos fuimos para un punto dónde se hacen los trámites de importación temporal de los coches: lento y farragoso pero supongo necesario (supongo porque dicho trámite no fue necesario entre Canadá y Estados Unidos). Después llegamos a Ciudad Obregón dónde nos esperaba Álvaro, el inventor original de la caravana que, a la postre, no va a hacer el viaje. Y después seguimos camino a los Mochis, con la intención de coger el tren para ir a la Barranca del Cobre: un día de ida y un día de vuelta.
El cañón tiene unas vistas preciosas que realmente merecen la pena y os pondré unas fotos para que lo comprobéis. Los mejicanos insisten en que es más profundo e impresionante que el del Colorado, pero yo que tengo los dos recientes y opino con imparcialidad, no lo tengo tan claro: los dos son muy bonitos, pero radicalmente distintos. El mejicano es de piedra blanca y todas las laderas están cubiertas de vegetación, mientras que el americano es desértico y tiene la piedra en infintos tonos de color, que van desde el blanco y el amarillo al morado, pasando por toda la gama de rojos. Profundidad: la mejicana se dice de 1.500 metros, pero yo no he visto indicadas las alturas de los distintos puntos como si lo estaban en el americano. En cualquier caso los dos merecen la pena.
Y un comentario sobre Méjico: absolutamente impuntuales, desorganizados, etc. Tópicos de latinos pero que, por desgracia, se cumplen.
Pongo fotos de los tres días. Un abrazo y hasta no sé cuando.
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