viernes, 2 de julio de 2010

EL GRAN NORTE







Después de haber dejado ver durante varios días que el viaje al Norte fue un desastre, y ya más relajada, creo que debo escribir sobre ello.
En verdad fue muy duro, porque la distancia entre Fairbanks y Prudhoe Bay es de 815 Kms. que hicimos en dos días. Dicho así no parece mucho (hoy hemos hecho 780 en un solo día), el problema es el estado de la carretera. La práctica totalidad está sin asfaltar, pero no es ese el mayor problema: las pendientes de subida y bajada son tremendas, en muchos tramos hay obras que consisten en ir pasando la motoniveladora después de haber mojado bien a fondo el firme: así van rasando y quitando lo baches que se hacen el hielo, y la dejan ni más bien. Pero pasar con todo el barro y esas pendientes os aseguro que tiene muy poca gracia, aún llevando un trasto con tracción a las cuatro ruedas como es el nuestro. Luego están los tramos a los que todavía no les ha tocado el arreglo: te deja las vértebras descolocadas para varios días y no digamos el efecto sobre los neumáticos de todo ello. Todos hemos pasado por malos caminos, sin asfaltar, de piedra, barro, etc., el problema es hacer 815 Kms de ida y otros tantos de vuelta en cuatro días: nos dejó exhaustas.
Y ahora llegamos a ¿¿¿¿¿?????. No es nada, es sólo el punto más al norte al que llega una carretera. Un gigantesco yacimiento de petróleo en el punto dónde se encuentran la tierra y el Océano Ártico y eso es lo que hay un campos petrolífero, con sus máquinas y sus galpones y el océano todavía con hielo. Y para remate no encontramos a nadie del grupo: allí, las dos solas, con un frío de mil pares de demonios y sin otra esperanza que reemprender el peregrinaje hacia el Sur.
Y esas son las calamidades. Pero hay más que no son calamidades.
El paisaje es tan impresionante que por mucho que me esfuerce no puedo explicarlo: majestuoso, grandioso, no tengo adjetivos. Además las nubes están más cerca: supongo que es producto de la limpieza del ambiente, pero da la sensación de que se pueden tocar. Luego están los animalitos: no sé el número de marmotas que vimos y lo mismo los caribús (o como se escriba que no atino nunca).
En Alaska (para mí lo que está al norte de Fairbanks y no voy de experta) todo es duro, es el fin del mundo, pero igual que es duro es majestuoso, con esa grandeza y sobriedad que tiene lo que es de verdad, sin concesiones a la comodidad. Existe la carretera porque hay que llevar provisiones a la base y mantener el oleoducto y para eso se mantiene, no para que cuatro turistas locos vayan por allí. Si quieren que vayan en avión que para eso está el aeropuerto. Además los turistas son pocos, van en autocaravana, en moto o en bicicleta: no merece la pena hacer el esfuerzo.
Tampoco hay convencionalismo en esa tierra: igual ves a una rubia (que en otras circunstancias considerarías mona) llevando una motoniveladora, que un tiarrón de dos metros y pelo en pecho limpiando habitaciones en un hotel (he visto los dos casos)- Lo del sexo aquí no determina el trabajo, eso es seguro, el que quiere y puede lo hace, sin más.
Es tierra de frontera, el fin del mundo y el que llega se siente superviviente de una aventura, por encima del resto de los mortales, con derecho a cobrar más por de pronto. Y esa misma sensación de supervivientes es la que tenemos nosotras: podemos con cualquier cosa que nos echen y encima la disfrutamos. Así lo llevamos dicho en el coche, para que todo el mundo lo sepa.
Es tan grande esta tierra que se permiten el lujo de no apagar los incendios, por no ir en contra de la naturaleza. Lo único que se explota es el petróleo (y recientemente el gas), que está en el subsuelo. La única alteración en superficie es la carretera y el oleoducto, que se construyó a una altura que permitiera el paso de los caribús por debajo. La Universidad de Fairbanks es pionera en el estudio de la taiga y la tundra y beca a todos los estudiantes que lo solicitan (o casi, vaya), con la única condición de trabajar un número de años en Alaska. El que quiera completar estudios, ya sabe dónde está fácil y además con trabajo asegurado, eso sí, que vaya preparando abrigos.
En fin una tierra preciosa para mirar, pero dura para vivir. Yo me alegro un montón de haber venido, pero no creo que nunca me instale por aquí. Vamos que si me pierdo alguna vez, no debéis buscarme al Norte de Fairbanks.


1 comentarios:

  1. Pero que valientes sois.
    ¿Por qué no llegó el resto de la carvana?, ¿Se rajaron y se volvieron por la carretera?. ¿Por donde va la caravana en la ruta de bajada y porqué no vais con ellos?.
    Supongo que ya estaréis llegando a USA, porque el 4 de julio está aquí mismo....
    Bueno, un abrazo muy fuerte.
    Elena

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