martes, 13 de julio de 2010

CARRETERAS, VEHÍCULOS, TURISTAS Y OTRA FAUNA

















Carreteras: llevamos de todo en el cuerpo, buenas, malas y peores.
Las de Alaska malas y peores, quitando los alrededores de Anchorage, porque la que no era mala del todo estaba de obras. Hemos visto obras casi todos los días, y no sólo en Alaska, sino también en Canadá y en Estados Unidos (los otros 48 como dicen los alaskeños). Todas con una forma curiosa (esto también pasa en Canadá): en vez de subir una montaña haciendo curvas para que la pendiente no sea demasiada, allí tiran para arriba y para abajo todo recto y el que no pueda que se busque la vida y os aseguro que hay camiones que lo pasan mal, sobretodo al bajar. Por eso ponen unas áreas especiales antes de comenzar una bajada para que los camiones se paren, pongan una marcha corta (os recuerdo que aquí todos los vehículos tienen cambio automático) y según los carteles, pongan las cadenas: no sé exactamente a qué se refieren, debe ser algún enganche especial para sujetar los remolques o algo así.
En Estados Unidos las carreteras son mejores, aunque no tan buenas como cabría esperar: todas las interestatales son tipo autovía con una gran mediana, pero en muchas de ellas uno se puede cruzar al otro sentido o salir por la izquierda en pasos al mismo nivel, no elevados, lo que ya podéis imaginar el peligro que acarrea. Cuando no se trata de una interestatal puede ocurrir de todo: que sea tipo autovía o que esté sin asfaltar y casi siempre con obras. No sé a que se debe tanta obra pero repito que es raro el día que nos libramos. El firme no está especialmente bien mantenido casi nunca, aunque es cierto que se conduce, en general, mejor y con más respeto que nosotros.
La línea central tiene infinidad de modalidades: blanca o amarilla, con tachuela o agujero o las dos cosas, a veces lleva un rallado similar al lateral (ese que te espabila si te sales sin darte cuenta): la cuestión es que cambiarse de carril hay que pensárselo dos veces porque seguro que vas a vibrar de una u otra manera.
Aquí hay cantidad de estaciones para el pesado de los vehículos, que son desviados por un carril especial: todos los comerciales y los particular que excedan los 4.000 Kg, que son muchísimos.
Hemos recorrido tantos kilómetros (cuando escribo esto llevamos 15.000 en el body) que ha cambiado el tipo de vehículos que vemos en la carretera. En Canadá y Alaska, no se veían turismos: quizás uno de cada 200. Sin embargo desde Salt Lake City hasta aquí, los turismos son mayoría absoluta y dentro de ellos, japoneses casi todos, al contrario que las Van y los minitrucks (mini camiones, muy apropiado para las pick-up de tamaño superlativo que es lo que se usa) que son casi todas nacionales: Ford y GMC.
Pero me he desviado del tema. Quería contar que en el norte no se ven turismos, sólo camiones y minitrucks si hablamos de los autóctonos y los turistas todos en autocaravana o caravana arrastrada por un minitrack, o en moto. Muchísimas motos, lo que choca porque el tiempo no es precisamente agradable, pero igual el 30% de lo vehículos en una carretera son motos. También hay mucho cicloturista lo que es todavía más increíble (o absurdo según el punto de vista de cada cual): imaginaos lo que es subir las pendientes que os contaba el otro día, a pedal, y parar a descansar sentándose en el permafrost y teniendo que acarrear alimentos, abrigo, agua, etc. durante 450 kilómetros sin más refugio que el que lleves encima.
Otra cosa muy curiosa es que, prácticamente, todos los vehículos llevan algo detrás: los camiones un segundo remolque (o un tercero, según se tercie); los minitrucks una caravana o una barca (es difícil entender la afición de la gente de por aquí a transportar barcos de un sitio a otro, pero hay días que todos llevan uno detrás); las autocaravanas remolcan, en su práctica totalidad, un coche de los que nosotros llamamos todoterreno y que aquí se ven ridículamente pequeños (igual pasa con los todocamino que aquí son como turismos); las motos remolcan un carrito (ya digo que muchas no una como excepción), supongo que para equipaje; hasta las bicis remolcan un pequeño carrito. A veces hemos pensado que debíamos ser las únicas en la carretera que no llevamos algo colgando.
Todo esto es haciendo la excepción de los grandes parques nacionales. Ahí sí hay turistas en autobuses, incluso japoneses había en las rocosas canadienses y en Yellowstone, que ya pensábamos nosotras que no viajaban a América por alguna razón. De todas formas, incluso en los parques, la mayoría del turismo es local.
Como decía antes, al ir bajando hacia el sur ha ido aumentando el número de turismos y descendiendo el de motos y autocaravanas y prácticamente han desaparecido los ciclistas (alguno se ve en los parques, pero es la excepción a la norma).
Otra curiosidad es que la mayoría de los motoristas no llevan casco: ni en el norte ni en el sur. Me parece extrañísimo que no sea obligatorio ni siquiera en carretera, pero no debe serlo cuando no lo llevan. También nos ha extrañado que en vez de pantalones de cuero llevan una especie de antiparas, que se ponen encima de los pantalones: no lo había visto en mi vida y les da un aspecto bastante curioso. Y esto es para hombres y mujeres que en eso tampoco hay diferencia.
Por último comentar que eso de los vehículos zancudos (con el chasis sobreelevado respecto al eje de las ruedas) no es sólo de las películas o las pistas de prueba: se ven por la carretera, dónde resultan de lo más curioso. Y no se ve uno, hay bastantes, unos más exagerados que otros, pero ya digo que hay bastantes. También se ve alguno que lo que lleva es las ruedas más separadas, sobresaliendo por los laterales del coche, como si este tuviera las orejas de soplillo, vamos que en las carreteras americanas se ve de todo, todo.

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