Aterrizamos en Sydney (hasta hoy escribía la primera con i,
pero he descubierto que estaba equivocada) después de 22 horas de vuelo más
tres de escala en Nueva Delhi. Y además sin pegar ojo en todo el viaje, porque
había una colección de niños llorones en el avión. Con esto ya os podéis hacer
una idea del cansancio que arrastro, porque nada de llegar a descansar, que hay
que aguantar hasta la noche para superar el jetlag del tirón.
Pongo unas pocas fotos de la ciudad y mañana será otro día
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