Aunque ya os adelanté algo el otro día, voy a intentar
resumir como viven los nómadas, según la información que nos pasa nuestra guía
(estupenda, por cierto) y lo que vamos viendo.
Aproximadamente
el 30% (eran el 90% cuando cambiaron el régimen comunista por una democracia
parlamentaria) de la población de Mongolia, o sea sobre el millón de personas,
viven de la ganadería y, la práctica totalidad de ellos, son nómadas o,
traducidos a nuestro lenguaje, trashumantes. Normalmente tienen cuatro
asentamientos: invierno, primavera, otoño e invierno. La disminución en el
número de pastores se ha debido a que los hijos suelen estudiar en las ciudades
y se quedan allí a vivir, por lo que a la vez que disminuye la población rural
crece la de Ulan Bator, que ya casi tiene el 50 % de los habitantes del país.
Además, el número de animales no ha disminuido (30.000.000), por lo que los que
quedan han aumentado las cabezas y son ricos:
compran viviendas en la ciudad y hacen otras inversiones.
A
diferencia de nuestros pastores, se mueve la familia entera con el ganado y no
tienen casa fija, entendiendo como casa la de ladrillo o madera, sino que se
trasladan con su yurta (o ger) y la
montan en el sitio que eligen, que suele ser todos los años el mismo. Lo
habitual es que cada familia tenga dos tiendas: una en la que se hace la vida y
la otra que se usa, en verano para instalar la cocina y así no pasar calor y en
invierno para almacén.
No
obstante, los nómadas se incorporan a los tiempos modernos. Algunos ejemplos:
actualmente muchas de las yurtas tienen electricidad con placas solares y
antenas parabólicas para ver la tele; el otro día hubo elecciones al parlamento
y, cuando pasamos por un ger, sólo había un adulto, porque todos los demás se
habían ido al pueblo a votar; todos los niños están escolarizados (un poco más
adelante cuento como se organizan las familias); todo el mundo tiene teléfono
móvil; existe una sanidad pública y un servicio veterinario en todos los pueblos.
En resumen, es una manera diferente de vivir, pero no podemos decir que no
vayan con los tiempos.
Los pastos
son todos del estado (acabo de leer que el gobierno los expropió en los años
20), de forma que cada uno se instala donde quiere, sin pagar nada, es decir,
no existen concesiones, sino libertad para el uso de los mismos. Cada familia
suele repetir los mismos pastos temporada tras temporada, volviendo a los
asentamientos que utilizaron el año anterior.
Me
sorprendió el otro día, en un mercado, ver un puesto que vendía las piezas del
ger, porque pensé que se fabricaban en casa. Lo que sí fabrican son todos los
productos lácteos: yogur seco, leche frita, queso (lo secan al sol en el techo
de la tienda), etc.
Ahora, los
niños están de vacaciones, con su familia, colaborando en los trabajos con el
ganado, que son muchos. Por ejemplo, en esta época paren las yeguas y hay que
ordeñarlas cada dos horas, para hacer la leche de yegua fermentada, que es la
bebida nacional. Los niños suelen quedarse con las crías, mientras las madres
ordeñan. Igual pasa con las vacas, los yaks, las cabras y las ovejas: los críos
son los encargados de los terneros y los corderos. También son los jinetes que
compiten en los festivales, aunque a los caballos los entrenan los adultos.
Como os
decía, todos los niños están escolarizados Esto es complicado para las
familias, porque ellos no viven en el pueblo y, consecuentemente, no pueden
llevarlos al cole a las 9 y recogerlos a las 2. Por eso han inventado varios
sistemas de organización. El primero es el “oficial”: el colegio tiene una
residencia donde se quedan los críos de lunes a viernes y los padres los
recogen los fines de semana. Normalmente el colegio les ofrece comida, pero hay
que pagarla (la residencia es gratis). Buscan sistemas como huertos en los que
trabajen los críos y sirvan para proporcionar la verdura (comen poca) o que las
familias entreguen como pago animales para carne. Otro sistema es organizarse
de forma que una señora (una de las madres o una contratada) se instale en el
pueblo a cargo de los críos. Esto es lo habitual para los pequeños, porque con
menos de seis años no los admiten en las residencias, pero sí tienen que ir a
la guardería, porque esa fase de la enseñanza también es obligatoria.
Bueno,
creo que con esto ya os he contado lo que yo he visto.
Carnicería local. Creo que el sacrificio lo hace cada cual y luego lleva la canal al mercado, porque los vía sacar una ¿oveja? del maletero del coche y meterla por la puerta de mercancías
La letrina. Único aseo de la yurta, cuando lo hay
Tras este artículo, solo tengo la seguridad y la certeza, que algún día visitaré Mongolia. Me gustaría ser mongola nómada durante un tiempo. Lo haré. Gracias M. Jose. Un abrazo grande.
ResponderEliminarInteresantisimo todo.
ResponderEliminarMe ha encantado. Eso es conocer una zona, conocer a sus gentes.
La letrina me supera