Hoy
también hemos madrugado, para no perder la costumbre, aunque no hemos hecho más
que llegar a Ulan Bator, tragándonos el tráfico y la contaminación: ni una sola
foto he hecho.
Nos vamos
despidiendo de nuestras compañeras de viaje que salen, la una hacia Pekín en el
transiberiano (si se le da bien igual me animo) y la otra en avión a su casa en
Hong Kong. El viaje ha sido estupendo en parte gracias a ellas, con las que se
ha establecido una estupenda y cordial relación: buen viaje para ellas, en la
excursión y en la vida.
Os dejo,
hasta la próxima entrada que, supongo, será el resumen final del viaje (salvo
que ocurra algo digno de mención en los dos días que me quedan para llegar a
España)
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