sábado, 2 de julio de 2016

01-07-2016 De Bayanzag a las ruinas del Monasterio de Ongi

Hoy hemos dejado atrás el desierto del Gobi, para volver a la estepa, pero, si os digo la verdad, está más verde el desierto que esto, así que creo que se trata más bien de una división administrativa, aunque también pudiera tener que ver con la arena, ya que aquí no hay.
En el camino hemos hecho dos paradas: la primera en un pueblo, para repostar y comer y la segunda a ver a unos pastores que esquilaban a sus ovejas.
Pongo las fotos en el orden en que las he ido haciendo, con las explicaciones al pie.



 La última duna







Hoy os pongo el pueblo que es similar a todos los que llevamos visto, vamos similar no, igual. Hay una plaza del pueblo, con el ayuntamiento (a la derecha en la foto) y el colegio. Al lado hay una gran explanada donde están todos los comercios y los bancos y en otra explanada se encuentra el restaurante, que no bar. Hoy sólo había empanadillas y eso es lo que hemos comido. De bebida suele haber té mongol (té hecho en agua, muy flojo, al que se le añade leche y sal), pero hoy sólo había cocacola. No nos ha importado porque llevamos el agua encima (en el coche hay garrafas de cinco litros con las que el chófer rellena las de litro y medio y con esas nosotras nos servimos en nuestras botellas personales) aunque reconozco que fresquita no está.





El esquileo. Toda la familia trabajando, hombres y mujeres, y los niños dando vueltas alrededor. También ha tenido que trabajar nuestro conductor, porque, si ves esquilar y no lo haces, tu próximo hijo nacerá sin pelo: las demás no hemos visto la necesidad. Las ovejas son graciosas: tienen la cara negra y la cola gorda.



La estepa

Como hoy no tengo red aprovecharé para escribir un poco sobre la vida de por aquí y mañana, si hay suerte cuelgo las dos entradas e incluyo la visita a las ruinas que haremos después de cenar.


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