Hoy hemos
dejado atrás el desierto del Gobi, para volver a la estepa, pero, si os digo la
verdad, está más verde el desierto que esto, así que creo que se trata más bien
de una división administrativa, aunque también pudiera tener que ver con la
arena, ya que aquí no hay.
En el
camino hemos hecho dos paradas: la primera en un pueblo, para repostar y comer
y la segunda a ver a unos pastores que esquilaban a sus ovejas.
Pongo las
fotos en el orden en que las he ido haciendo, con las explicaciones al pie.
La última
duna
Hoy os
pongo el pueblo que es similar a todos los que llevamos visto, vamos similar
no, igual. Hay una plaza del pueblo, con el ayuntamiento (a la derecha en la
foto) y el colegio. Al lado hay una gran explanada donde están todos los
comercios y los bancos y en otra explanada se encuentra el restaurante, que no
bar. Hoy sólo había empanadillas y eso es lo que hemos comido. De bebida suele
haber té mongol (té hecho en agua, muy flojo, al que se le añade leche y sal),
pero hoy sólo había cocacola. No nos ha importado porque llevamos el agua
encima (en el coche hay garrafas de cinco litros con las que el chófer rellena
las de litro y medio y con esas nosotras nos servimos en nuestras botellas
personales) aunque reconozco que fresquita no está.
El
esquileo. Toda la familia trabajando, hombres y mujeres, y los niños dando
vueltas alrededor. También ha tenido que trabajar nuestro conductor, porque, si
ves esquilar y no lo haces, tu próximo hijo nacerá sin pelo: las demás no hemos
visto la necesidad. Las ovejas son graciosas: tienen la cara negra y la cola
gorda.
La estepa
Como hoy
no tengo red aprovecharé para escribir un poco sobre la vida de por aquí y mañana,
si hay suerte cuelgo las dos entradas e incluyo la visita a las ruinas que
haremos después de cenar.
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