jueves, 17 de junio de 2010

PELLY CROSSING-DAWSON CITY





































Hoy hemos llegado a Dawson City, la capital que fundaron los mineros que descubrieron el oro y que en tiempos de la fiebre llegó a ser una verdadera metrópoli, con teléfono, electricidad, etc, lo que ya es decir hablando de fines del XIX y, prácticamente en el fin del mundo. Luego hablaré de las minas, pero antes un poco del camino.
Esta mañana hemos visto un oso. Él tan tranquilo cruzando la carretera y nosotras nerviositas perdidas, tanto que ni siquiera hemos atinado a hacer una foto y eso que, aunque estaba lo bastante cerca para poder verlo bien, no era como para dar miedo: ni siquiera ha habido que dar frenazo.
También hemos visto un lugar para turistas. Aquí eso es casi tan raro como el oso, porque es el primer sitio que hemos visto en todo el viaje que se ha construido para entretener turistas, con un café, unos baños y una cabañita de trampero, que es como un museo de artes y costumbres tradicionales.
Ahora, como podéis ver en las fotos, los árboles no son pinos, sino esta especie de chopo: puede que sea debido a los incendios y que estos árboles sean los primeros que prosperan tras un fuego. Algunos de ellos no es que se tuerzan, es que se comban como si fuesen juncos. En la foto no se aprecia el tamaño, pero igual medían diez metros
Y por fin llegamos a la extracción del oro. Hemos subido al sitio dónde se descubrió oro por primera vez y a otras concesiones en la zona. Lo realmente impresionante es comprobar la cantidad de tierra y piedras que se han movido y como esto ha afectado al paisaje. Lo que se ve en las películas no es exacto, ya que sólo vemos la parte en que lavan el material para ver si encuentran el oro, pero no nos enseñan la parte más importante y más dura, que es conseguir sacar ese material de la montaña. Lo hacían casi siempre con agua a presión, pero como aquí el suelo es un “permafrost” (¿os acordáis de la edafo?), para poder trabajar con él tenían que calentarlo y lo hacían inyectando vapor a través de perforaciones: vamos una lindeza de trabajo. Y cuando ya habían echado abajo media montaña, pues a colarla y lavarla hasta que aparecía la pepita. Al parecer se mecanizó muy pronto todo el tema del lavado, a través de dragas flotantes que recogían el material extraído, lo lavaban y separaban el metal y arrojaban por detrás las piedras. Eso es lo que hizo cambiar tan drásticamente el paisaje.
Ayer comentaba que creía que las minas actuales eran de carbón. Pues estaba equivocada: todavía quedan 130 concesiones de oro activas en el Klondike, la mayoría familiares, pero también las hay comerciales. También hay minas de plata, cobre y otros minerales. Toda esta riqueza minera se debe a que el Terrirorio del Yukón está sobre una falla: es tan grande que se ve en las fotos de satélite. Empieza en Watson Lake y llega hasta Dawson City, lo que la convierte en la columna vertebral del territorio.
Para acabar (cada día me enrollo más pero es que me entusiasma todo lo que veo) la ciudad. Aquí intentan mantener el espíritu de los años dorados, recreando los edificios y los espectáculos. Pero la realidad es que resulta un tanto artificioso ver a las señoras que guían los tours turísticos por el pueblo (la gran Dawson City tiene 1.940 habitantes) vestidos de época y llevando al personal al barco que hacía la ruta Whitehorse-Dawson City. De todas formas da para un paseíto y es agradable.
Unas fotos y ya. Por cierto, escribo cómo si lo fuera a colgar de inmediato y no es así, porque estamos sin Internet. Espero que mañana sí dispongamos de la red de redes.

No hay comentarios:

Publicar un comentario